Capítulo Doce. La traición que no vio venir.
El silencio que siguió al nombre fue tan violento que pareció quebrar algo en el aire.
Su hermano.
Su propio hermano.
Alexandra sintió cómo la sangre se le congelaba en las venas, cómo su cuerpo dejaba de responderle. Daniel seguía mirándola fijamente, sin apartar los ojos de ella, esperando una reacción… pero su mente solo repetía un único pensamiento, martillando sin descanso:
Él no me haría esto.
Él no me haría esto.
Él no me haría esto.
Daniel guardó el teléfono con un gesto lento, calculado, casi amenazante. Parecía contenerse para no destrozar algo entre sus manos.
—Alexandra —dijo al fin, despacio—. Explícame esto.
La garganta de ella ardió.
—Tiene que haber un error. Tú… tú no conoces a mi hermano. Él no haría algo así.
Daniel dio un paso hacia ella. Luego otro. Su presencia llenó la habitación como una tormenta a punto de estallar.
—El número está registrado a su nombre. Su ubicación coincide. El mensaje se envió desde su teléfono.