Capítulo diez. Lo que no se puede esconder.
Valentina estaba cansada.
No solo físicamente.
Emocionalmente.
Desde que supo del embarazo, su vida había cambiado en silencio… pero el mundo no parecía dispuesto a respetar ese silencio.
Y mucho menos Victoria.
—No quiero ir —dijo Valentina, cruzada de brazos.
Marcos la miró desde la puerta de su apartamento.
—Es solo una cena.
—Con tu familia.
—Exacto.
—Eso es peor.
Marcos sonrió.
—Mi hermana ya te ama.
—Tu hermana todavía no me conoce.
—Te conocerá