Apolo permaneció inmóvil frente a la cafetería, observando a través del cristal cómo Lucía atendía a los clientes con amabilidad y seriedad. Su pecho se elevó con varias respiraciones profundas, cada una cargada de emoción. Reunió valor y empujó la puerta. Entró con pasos firmes y caminó hacia una mesa vacía junto a la ventana. Una sonrisa rebelde se dibujó en sus labios al confirmar que, después de tanto tiempo, por fin la había encontrado. Sus ojos inquietos la buscaron, la vio más hermosa de