Freya descansó cinco días. Al amanecer cuando el sol apenas salía por el horizonte, emprendió un viaje junto a Crono y sus hijos, el camino hacia la manada de su padre le traía malos recuerdos. Los niños, estaban ansiosos por la aventura, no dejaban de asomarse por la ventana, señalando los paisajes y preguntando una y otra vez.
—¿Falta mucho?
—Tengan paciencia, pronto llegaremos —respondía Crono, sin quitar la mirada de la carretera.
Freya, aún débil por las heridas del atentado, contemplaba a