Lucía intentó concentrarse en su trabajo después de que Apolo se marchara, pero cada minuto que pasaba era una tortura. Las miradas curiosas de sus compañeras la seguían a cada paso que daba, especialmente la de Susi.
—Oye, ¿en serio es tu mate? —preguntó la cajera con voz baja mientras servía un café, sin poder disimular su curiosidad.
Lucia apretó los dientes, sin ganas de dar explicaciones.
—No es lo que ustedes dos piensan —noto la presencia de Sisi—. No estamos juntos.
—Pues él no parece p