Crono llegó a la mansión con Palas aún desmayada. Descendió del carro, camino hacia la habitación de invitados, y la acomodó con delicadeza en la cama. Al intentar incorporarse, observó como Palas reaccionaba, tomando su mano con debilidad.
—No me abandones, Crono. Temo lo que sucederá ahora conmigo. Tú tienes a tu mate, a quien prometiste rechazar por nuestro amor, y ahora estás casado con ella —comenzó a llorar—. Hubiera sido mejor que esa noche hubiera muerto. Ya no puedo soportar tanto sufr