Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa puerta del penthouse no hizo ruido al abrirse.
Thiago había aprendido, en los últimos meses, a moverse dentro de ese espacio con una conciencia casi física de cada sonido posible: el clic del seguro, el susurro de las bisagras, el roce de sus propios zapatos contra el mármol. Era un hábito de hombre acostumbrado a llegar tarde y a no querer despertar a nadie. O tal vez era otra cosa: la costumbre más antigua de no anunciarse, de observar antes de ser visto.
Esa noche, sin emb







