Ximena llegó al penthouse a las siete de la tarde.
Thiago estaba en el estudio con los documentos de la semana de Obsidiana y esa concentración tranquila de los martes que no tienen urgencias pero que tienen trabajo. La escuchó llegar, como siempre, por el sonido de las llaves en la puerta, y salió al corredor cuando ella no llegó de inmediato a la sala.
La encontró junto a la ventana que daba a la ciudad, con el abrigo todavía puesto y el teléfono en la mano y esa expresión que él ya sabía lee