Mundo ficciónIniciar sesiónEl hotel Camino Real olía a jazmín artificial y a ese tipo de silencio que solo se compra con dinero.
Ximena dejó la maleta sobre la cama sin deshacer el equipaje. Se quedó de pie en el centro de la habitación —una suite mediana, ni demasiado lujosa ni demasiado anónima, escogida con la deliberada intención de no parecerse a nada que hubiera tenido antes— y respiró. Largo. Profundo. Con los hombros todavía tenso







