Mundo ficciónIniciar sesiónLas llamas tardaron exactamente cuatro minutos en consumir lo que cuatro décadas habían acumulado.
Miranda Alcántara lo observó desde el umbral del archivo, con los guantes de nitrilo todavía puestos y la linterna apagada colgando de su mano derecha. El fuego no era caótico ni voraz como en las películas; era metódico, casi cortés, avanzando por los anaqueles de roble oscuro con la misma precisión con que ella hab&ia







