El rostro de los dos hombres eran de rabia y de frustración, me quedé mirando a Giovani, en parte de pena y otra parte, porque no sabia que decirle ya que no lo conocía muy bien al ser todo tan precipitado, pero despues de tomarme mi café, me levanté de la silla para marcharme de allí, necesitaba ver cómo estaba mi padre
— ¿A dónde vas? — me preguntó mi marido
— Voy a ver a mi padre, ayer fue todo muy rápido y no sé cómo está — respondí
— Espera que te acompaño — me dijo Giovani
— Prefiero ir s