TRES AÑOS DESPUÉS
Al llegar a donde vivía mi padre, tocamos a la puerta, abriéndonos Carlota, nuestra sirvienta, niñera y muy amiga de mi padre y mía, mirándonos las dos con la expresión de sorpresa, viendo como le caían las lçagrimas por sus mejillas
— Mi niña, ha vuelto a casa, no me lo puedo creer — me dijo abrazandonos las dos
— ¿Quién ha llamado a la puerta, Carlota? — escuche la voz de mi padre llamarla
— Pasar por favor, que sorpresa se va a llevar tu padre cuando os vea, pero mi niña si