El sonido del motor se apagó frente a la entrada principal de la residencia Le Roy, dejando tras de sí un silencio pesado que contrastaba con la tensión que parecía haberse instalado en el aire.
Romain apenas había terminado de abrir la puerta del coche cuando la vio.
Claudine, su madre, venía hacia él con pasos rápidos, impropios de su habitual compostura. Su porte elegante seguía intacto, pero había algo en su expresión que no encajaba. Demasiada urgencia. Demasiada alteración. Y en su mano…