Madeleine sintió que el aire abandonaba de golpe sus pulmones y, descolocada, se puso de pie tan bruscamente que la silla retrocedió varios centímetros y luego cayó al suelo con un sonido estrepitoso.
Necesitaba respuestas y las necesitaba ya.
Giró sobre sí misma para mirar a Fabien, completamente pálida, con el corazón golpeándole el pecho con tanta fuerza que apenas conseguía ordenar sus pensamientos.
—¿Qué...?
Las palabras se agolparon en su cabeza con tanta furia que terminaron enred