Madeleine intentó concentrarse en el desayuno, de verdad lo intentó. Tomó el tenedor, cortó un pequeño trozo de huevo y lo llevó hasta su boca casi por obligación. Comió durante unos minutos más pero apenas alcanzó a comer la mitad del plato porque fue consciente de que no tenía el menor apetito.
La ansiedad le había cerrado el estómago por completo. Su mente no dejaba de dar vueltas alrededor de las mismas preguntas. ¿Qué clase de regalo podía querer darle Fabien? ¿Por qué hablaba de la verda