Después de depositarla sobre el colchón, Fabien permaneció inmóvil junto a la cama durante unos largos segundos, contemplándola.
Madeleine dormía profundamente, completamente ajena a todo lo que ocurría a su alrededor. El pecho le subía y le bajaba con una respiración pausada y tranquila, mientras algunos mechones de cabello descansaban desordenadamente sobre la almohada. Madeleine estaba tan fatigada que ni siquiera había protestado cuando él la sacó del club en brazos y la metió a su automóvi