El hombre comenzó a forcejear con las ataduras apenas la puerta metálica se cerró detrás de Fabien. No era un intento real de escapar. Era puro instinto. Pánico.
El sonido de los pasos resonó lentamente sobre el suelo de concreto hasta detenerse frente a él.
Fabien no dijo una sola palabra. Se limitó a observarlo durante largos segundos. Aquellos ojos claros, fríos e inescrutables, recorrieron lentamente su rostro amoratado como si estuviera examinando una pieza de carne antes de decidir qu