Capítulo 65.
(POV Nicolás)
El pasillo de la mansión olía a desinfectante. Caminé detrás de Isabel y Santiago, el corazón latiendo con fuerza. Habían pasado meses con Lola conectada a máquinas, al borde de la muerte. Ahora, de repente, estaba despierta.
Entramos a la habitación. La luz tenue caía sobre el rostro pálido de Lola. Sus ojos abiertos me buscaron con lentitud, como si no entendiera dónde estaba. Isabel corrió a su lado, tomándole la mano con lágrimas.
—Hija… —susurró—. Gracias a Dios, abriste los