Capítulo 63.
(POV Nicolás)
La mansión me recibió con la misma calma, luces templadas, el zumbido lejano de los sistemas de seguridad, la presencia invisible de hombres que vigilan. Tenía la conversación con la mujer de Javier clavada en la garganta; sus palabras me quemaban. “Si no haces nada, un día despertarás y Mila ya no estará.” Esa amenaza no se me iba. No podía.
Subí las escaleras despacio, abrí la puerta del cuarto de los gemelos y me detuve sin hacer ruido.
Mila estaba allí, sentada en la mecedora,