Capítulo 63.
(POV Nicolás)
La mansión me recibió con la misma calma, luces templadas, el zumbido lejano de los sistemas de seguridad, la presencia invisible de hombres que vigilan. Tenía la conversación con la mujer de Javier clavada en la garganta; sus palabras me quemaban. “Si no haces nada, un día despertarás y Mila ya no estará.” Esa amenaza no se me iba. No podía.
Subí las escaleras despacio, abrí la puerta del cuarto de los gemelos y me detuve sin hacer ruido.
Mila estaba allí, sentada en la mecedora, la luz de la lámpara justo detrás de su hombro, el pelo recogido, una manta cubriendo las piernas. Sostenía con cuidado una de las pequeñas botellas y le daba el bocado a uno de nuestros hijos. El otro dormía en la cuna, la respiración diminuta y regular. Verla así, me devolvió la esperanza.
La observé un rato. No quería romper ese momento. Ella no sabía que yo estaba ahí. Se me humedecieron los ojos al ver a mi hijo tomar leche; la ternura le marcaba la cara. Sentí que todo mi mundo se concent