Capítulo 44.
POV MILA.
La mansión amaneció cubierta por un silencio incómodo. Los pasillos, siempre pulcros y pomposos, parecían más estrechos, más hostiles. El aire estaba impregnado de un peso que no se iba ni con las ventanas abiertas. Nicolás entró a la habitación después del desayuno. Su porte, siempre impecable, esta vez parecía más rígido, como si cada paso fuera calculado. Se detuvo frente a mí, en el umbral, sin atreverse a cruzar del todo.
—¿Cómo dormiste? —preguntó, con voz suave, como si quisier