Capítulo 43.

POV MILA.

El santuario estaba en silencio, solo roto por el zumbido constante de los servidores. Las pantallas bañaban mi rostro con destellos azules, haciéndome parecer un fantasma de mí misma. Tenía los ojos secos, la espalda rígida, pero no podía apartarme de allí.

Camil había salido a descansar un rato, y yo me quedé sola, revisando los archivos viejos que había logrado interceptar de los servidores de la familia Rodríguez. Había algo que me quemaba por dentro, un presentimiento que me impulsaba a seguir hurgando, aunque cada hallazgo fuera una puñalada más.

Deslicé el cursor sobre una carpeta oculta, protegida por varias capas de encriptación. Al abrirla, aparecieron documentos digitalizados en blanco y negro: contratos, escrituras, notas de juntas. Todo parecía burocrático, frío, hasta que una subcarpeta atrajo mi atención.

Informes privados.

Respiré hondo. Supe que allí estaba la verdad.

El primer archivo se abrió con un clic metálico.

Era un informe de hace más de veinte años.
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