El crepúsculo se cernía sobre Seúl, tiñendo el cielo de azules y naranjas profundos. Kang Ji-woo salió de la imponente Torre Haneul, el aire fresco de la tarde un alivio bienvenido contra el ambiente cargado de la oficina. Los días se habían vuelto un ejercicio de contención, cada interacción con Lee Jae-hyun una danza cautelosa alrededor de un volcán a punto de entrar en erupción. La distancia que él había impuesto era tan palpable como las paredes de cristal que los rodeaban, y Ji-woo sentía