La Torre Haneul, ese coloso de cristal y acero que se alzaba orgulloso sobre el horizonte de Seúl, nunca había parecido tan asfixiante para Kang Ji-woo. Cada mañana, al subir por el ascensor privado que la llevaba directamente al piso ejecutivo, sentía un nudo en el estómago, una mezcla de anticipación y temor. Desde aquel roce de manos, desde que Jae-hyun había erigido esa barrera invisible de distancia, la oficina se había transformado en un campo minado emocional. El aire entre ellos era den