El aire en el salón privado de la residencia Lee era tan pesado como el terciopelo oscuro que cubría las paredes. No era el hogar familiar de su infancia, sino una de las muchas propiedades del Grupo Haneul, una mansión inmaculada y vasta en el exclusivo barrio de Gangnam, diseñada más para impresionar que para habitar. El silencio solo se rompía por el suave tintineo de las cucharas de plata contra la porcelana fina y el susurro apenas audible del servicio que se movía con reverencia. Lee Jae-