Mientras tanto…
Diego tenía los pantalones apenas bajados, el cuerpo recargado contra la pared acolchada de una de las salas vacías del gimnasio donde trabajaba. Las luces tenues del área de yoga le daban un aire casi clandestino al momento, aunque a él eso le importaba poco. Entre jadeos bajos y suspiros contenidos, miraba hacia abajo con una sonrisa torcida, viendo cómo la chica morena, de piernas atléticas y labios generosos, se movía con destreza entre sus muslos.
—Eso, mamita… así… —susurró