El regreso a casa fue silencioso. Kira iba abrazando a Luka con fuerza, como si temiera que el mundo volviera a arrebatárselo. Sus ojos seguían húmedos por el susto, mientras Sol los observaba desde el asiento trasero con una mezcla de alivio y preocupación. Habían salvado una noche más. Pero los monstruos seguían al acecho.
Ya en el departamento, Julian cargó nuevamente a Luka hasta su cama. Lo acomodó con cuidado, con esa delicadeza casi reverente que usaba con él. Kira lo observaba desde la