El desayuno había terminado entre risas, jugo derramado en la bandeja por la torpeza de Luka, y bromas ligeras que hicieron que el aire se llenara de algo tan simple como vital: alegría. Cuando por fin Sol convenció a Luka de llevar los platos a la cocina, Kira se recostó contra las almohadas, con la respiración un poco más pausada, disfrutando de la calma.
Julian se quedó junto a ella, sentado en el borde de la cama. Tenía esa mirada que siempre lo traicionaba: mezcla de adoración y miedo, de