El humo de cigarro impregnaba la suite en penumbras donde Marcus paseaba de un lado a otro, con un vaso de whisky en la mano. El amanecer apenas se filtraba por las cortinas, pero sus pensamientos estaban lejos de la calma que la ciudad parecía prometer.
Vanessa, en la cama, observaba cada paso con una mezcla de aburrimiento y malicia. Se había levantado tarde, envuelta en una bata de seda, pero no necesitaba palabras para leer el estado de Marcus: el ceño fruncido, el andar nervioso, el apreta