La noche caía con un aire húmedo, como si el mundo entero conspirara en silencio para sofocar los sonidos. En las sombras del jardín, detrás de los setos y en el límite donde la calle se volvía un pasillo oscuro, Diego observaba. Su respiración era lenta, controlada, pero sus manos temblaban, no por miedo, sino por la furia contenida que le recorría las venas.
Llevaba semanas colándose en ese residencial. Sabía cuándo las luces se apagaban en cada casa, cuándo los autos regresaban del supermerc