El dolor de cabeza fue lo primero que Julian sintió al abrir los ojos. La claridad que entraba por las ventanas del estudio de Leo le quemaba la retina, como si el sol se burlara de su miseria. Se sentó lentamente, con una mano en la frente y la otra buscando a tientas algo de agua. Su estómago protestó y su mente fue directa a la noche anterior. A su debilidad. Al beso. A Kira.
Se odiaba por completo.
Porque aunque ese beso había sido lo más puro y real que había vivido en años, también sentía