Kira cruzó los brazos frente a la puerta del departamento, bloqueando la entrada con su cuerpo. Diego, de brazos caídos y mirada cargada de deseo, chasqueó la lengua con fastidio.
—Vamos, Kira... no me hagas esto. Solo quiero entrar, estar contigo.
—¿Estar conmigo? —espetó ella, alzando una ceja—. ¿Después de lo que hiciste anoche? ¿Dejarme en la cárcel? ¿Crees que por correr a Julian ahora estoy feliz contigo?
Diego apretó la mandíbula.
—No es como si no te lo merecieras… te la pasaste coquete