Julian y Kira seguían mirándose en silencio, como si el tiempo entre ambos se hubiera detenido. El ajetreo de la ciudad, el ruido de la cafetería detrás, los coches, todo se desdibujaba en ese instante en que solo existían ellos dos.
Julian fue el primero en hablar. Bajó un poco la mirada, como si el peso de sus propias palabras lo aplastara por dentro.
—Quiero disculparme —dijo con voz baja—. No tenía derecho a decirte lo que dije anoche. No soy nadie para juzgarte. No sé lo que estás enfrenta