Julian llevó a Kira hasta la puerta del departamento. La noche había caído sobre la ciudad, pero entre ellos flotaba una energía que lo iluminaba todo. Ninguno hablaba. Ninguno quería romper el silencio cómodo que se había instalado entre ellos desde la mañana. Julian sostenía una pequeña bolsa con la ropa que Kira había usado durante el día, y ella caminaba a su lado, con pasos suaves, sintiendo cómo el corazón le golpeaba el pecho con cada paso más cerca de casa… y de la despedida.
Kira sacó