Kira apenas tocaba su taza de café, pero no dejaba de agradecer.
—Julian, de verdad… gracias por lo de hoy. No sé qué habría hecho sin ti.
Él negó con la cabeza, apoyando los antebrazos sobre la mesa.
—No me agradezcas —dijo en voz baja—. No quiero que sientas que me debes algo. Lo hice porque quise.
Kira bajó la mirada, apretando la taza entre sus manos. Seguía temblando un poco. Julian la notaba frágil, pero también con esa misma fuerza interna que tanto lo atraía.
Hubo un momento de silencio