Mundo ficciónIniciar sesiónMarcus seguía clavado frente a la incubadora, como si sus pies se hubiesen enraizado al suelo. Afuera, las luces de neón del hospital parpadeaban en la madrugada, pero él no tenía noción del tiempo. Podría haber pasado un minuto o una eternidad desde que escribió aquellas dos palabras en el cuaderno: Mi hija.
El leve pitido de







