Kira apartó la mirada. Su respiración era un poco más rápida de lo normal, como si esa simple pregunta hubiese abierto una puerta que no quería cruzar.
—No es asunto tuyo —espetó, más a la defensiva de lo que quiso sonar.
Julian se arrepintió al instante. Se pasó una mano por la nuca, incómodo.
—Tienes razón. Perdón. Fue una indiscreción.
Kira suspiró, sentándose en la orilla de su cama. El silencio volvió, pero esta vez no era tenso, solo denso. Julian no se movió.
—Solo... —continuó él, más s