La noche fue cayendo lentamente, y después de unas últimas risas, partidas y tragos, Julian y sus amigos se despidieron. Intercambiaron números con Sol, Kira y hasta Luka, que les prometió vencerlos en el próximo torneo de videojuegos.
Ya en el auto de Zoey, mientras se alejaban por las calles oscuras, Leo no tardó en comentar:
—¿Puedo decir algo sin que suene cursi? Esos tres son jodidamente geniales.
—Lo son —agregó Zoey—. Luka es como una de esas criaturas raras que aún cree en la gente. Sol