La puerta se abrió despacio, y en el marco apareció Amhed Al Farsi. Todavía llevaba el traje impecable con el que acababa de dar la conferencia, aunque ahora sin la corbata, aflojada tras la jornada. Su porte era firme, elegante, pero sus ojos dorados —idénticos a los de Julian— se suavizaron al posar la mirada en la habitación.
Julian se puso de pie enseguida.
—Kira… —dijo con voz serena, aunque se notaba la emoción contenida—. Quiero presentarte a alguien.
Kira lo miró sorprendida, sentada so