El cuerpo de Eirik se veía rojo por las quemaduras. Él estaba dormido, parecía muerto. Lo único que me tranquilizaba era ver su pecho subir y bajar. Me acerqué a él y lo toqué; estaba ardiendo en fiebre. ¿Qué carajo había pasado en realidad en ese lugar? Los recuerdos que tenía eran bastante borrosos.
— Por favor, despierta —le pedí.
Estábamos demasiado lejos como para ir y pedir ayuda, y tampoco lo podía dejar aquí así; él estaba mal y todo era culpa mía. Empecé a llorar mientras lo miraba ten