Me metieron en una oscura habitación y me lanzaron al suelo. El dolor de cabeza que sentía era horrendo. Gateé un poco para alejarme de las personas que estaban hablando, pero alguien me agarró del tobillo y me jaló con brusquedad. Mi barbilla se estrelló contra el suelo.
—Por favor, ya—supliqué entre lágrimas.
Las carcajadas llenaron la habitación. Yo me acurruqué y me quedé quieta.
—¿Es verdad que follabas con mi hermano?—preguntó esa tenebrosa voz.
No contesté nada hasta que me dieron la vue