El momento de partir había llegado. Los niños y yo nos despedimos de todos, dejando atrás todo aquello que nos hizo daño, pero que al mismo tiempo nos volvió más fuertes.
Ya en el barco, observé el lugar por última vez. No sentía ningún apego por estas tierras, ya que habían sido testigo de demasiadas muertes, sangre y horrores.
—¿En qué piensas? —preguntó Eirik detrás de mí, su voz suave pero curiosa.
Me di la vuelta lentamente y lo miré a los ojos.
—En que no extrañaré este lugar para nada —l