Observa a Rocco y, con solo ver su mirada, sabe que es mejor que continúe en silencio hasta llegar a donde sea que la lleve.
Entran a la casa de la piscina y, casi al final de esta, Rocco empuja una pared, que ella jamás hubiese sospechado que era una puerta, y baja unas escaleras que los conducen a una especie de sótano, grande, frío y mal iluminado.
Matteo se encuentra sentado sobre una silla y Salvatore tiene al lado a Giovanni, quien parece haber envejecido diez años