El tiempo se acaba. A pesar de todo lo que su padre Giovanni y Luca han hecho para llevarla hasta la casa de Gianluca, Caterina empieza a sentirse estresada, su corazón se acelera y el sudor empieza a adueñarse de su cuerpo, a pesar del frío invernal que hace.
—No vamos a llegar, papá, y yo conozco a Gianluca. Estoy segura de que está enojado y va a hacerme pagar por llegar tarde al almuerzo con su madre —dice con una calma escalofriante, mientras muerde sus uñas.