En la villa de los Lo Sparto en Maredussa, Caterina intenta controlar el temblor en sus manos; se siente débil y un inmenso nudo se instala en su vientre. La impotencia la invade, el dolor, la rabia.
Respira profundo, debe ir a buscar a Anna que la espera con Nicola y debe alimentarlo; necesita centrarse en el bienestar de su hijo, tranquilizarse y actuar. Le envía un mensaje a su abogado, pidiéndole que agilice el proceso de anulación de la paternidad de Gianluca en los