Callie no dormía.
Yacía acurrucada en la estrecha cama de servicio, mirando al techo como si fuera a quebrarse y soltar respuestas. El palacio estaba en silencio a esa hora, demasiado silencioso. Incluso los lobos parecían apagados; el habitual zumbido de poder bajo la piedra se había reducido a un pulso distante.
Elysia.
El nombre de su hermana resonaba en su cráneo al ritmo de su corazón.
Se levantó antes del amanecer, poniéndose el uniforme con manos temblorosas. Su cuerpo se movía por insti