Callie no dormía.
Yacía acurrucada en la estrecha cama de servicio, mirando al techo como si fuera a quebrarse y soltar respuestas. El palacio estaba en silencio a esa hora, demasiado silencioso. Incluso los lobos parecían apagados; el habitual zumbido de poder bajo la piedra se había reducido a un pulso distante.
Elysia.
El nombre de su hermana resonaba en su cráneo al ritmo de su corazón.
Se levantó antes del amanecer, poniéndose el uniforme con manos temblorosas. Su cuerpo se movía por instinto, la memoria muscular la guiaba en los movimientos, pero en su interior algo se estaba desmoronando.
Necesitaba certeza.
No susurros. No conversaciones a medias. No registros sellados ni silencios forzados.
Verdad.
La enfermería estaba casi vacía a esa hora, iluminada por un solo brasero. La anciana curandera levantó la vista cuando Callie entró, entrecerrando los ojos al reconocerla.
"No deberías estar aquí", dijo la mujer en voz baja.
Callie tragó saliva. "Necesito ver el registro de defunc