Callie aprendió rápidamente a ocultar el dolor.
Ahora vivía tras sus ojos, oculto bajo pestañas bajas y respiraciones cuidadosamente controladas. Su cuerpo se movía por el palacio con una precisión que rozaba la reverencia: cada reverencia exacta, cada paso medido, cada tarea ejecutada sin vacilación.
Los sirvientes lo notaron.
Siempre lo hacían cuando algo cambiaba.
Donde antes había estado tensa, reactiva, visiblemente conmocionada por la presencia de Darian, ahora estaba… serena. Tranquila.