El palacio tenía sus cambios de humor.
Callie lo había aprendido rápidamente.
De día, reinaba un orden frío: mármol pulido, voces cortantes, ojos siempre vigilantes. Pero en las horas de silencio entre tareas, cuando los pasillos se vaciaban y la luz cambiaba justo en ese momento, el palacio parecía respirar. Los muros de piedra exhalaban viejos secretos. Las sombras persistían demasiado tiempo. Y el silencio parecía... deliberado.
Se movió con cuidado por el ala este, con una bandeja en las ma