La cámara que Darian eligió no era la que Callie esperaba.
Era más pequeña que sus habitaciones formales, desprovista de opulencia, excavada profundamente en la piedra interior del palacio. Sin ventanas. Solo candelabros de hierro que cubrían las paredes, con llamas bajas y constantes, proyectando sombras que parecían respirar. El aire era más cálido allí, denso, pesado, oprimiendo su piel como una respiración contenida.
Callie estaba justo en el umbral, con las manos juntas, el pulso acelerado