La cámara que Darian eligió no era la que Callie esperaba.
Era más pequeña que sus habitaciones formales, desprovista de opulencia, excavada profundamente en la piedra interior del palacio. Sin ventanas. Solo candelabros de hierro que cubrían las paredes, con llamas bajas y constantes, proyectando sombras que parecían respirar. El aire era más cálido allí, denso, pesado, oprimiendo su piel como una respiración contenida.
Callie estaba justo en el umbral, con las manos juntas, el pulso acelerado. Ya podía sentirlo: esa silenciosa y terrible certeza de que esta no era una lección que pudiera soportar sin ser tocada.
Darian cerró la puerta tras ella.
El sonido resonó. Definitivo. Sellador.
"¿Entiendes por qué estás aquí?", preguntó.
Su voz era tranquila. Mesurada. Eso la asustó más que la ira.
Tragó saliva. "Porque fallé".
"No". Se acercó, con las botas pisando la piedra sin prisa. "Porque dudaste". Los hombros de Callie se tensaron. Mantuvo la mirada fija al frente, la barbilla levantad