Satiah, con lágrimas corriendo por su rostro envejecido, comenzó a relatar la historia completa que había guardado durante veinte años: La verdad sobre el sacrificio de Neferet y por qué Tutankhamun nunca conoció realmente a su madre.
La cámara del trono permanecía vacía excepto por los dos. Las antorchas proyectaban sombras danzantes sobre las columnas doradas mientras la anciana consejera abría el cofre de ébano que había mantenido sellado durante décadas. Sus manos temblaron al extraer perga