Mundo ficciónIniciar sesiónLa luz de las antorchas proyectaba sombras inquietas sobre las paredes de la sala del trono sellada, cada llama temblando como si percibiera la presencia de algo antinatural. Amenhotep permanecía inmóvil en el trono de oro, con las manos apretadas sobre los brazos del asiento mientras el sumo sacerdote Khamose desenrollaba el pergamino que sellaría el destino de Senma.
—Los signos son inequívocos, majestad —declaró Khamose, con la voz reso







